La Ruta de Kauripaxa

Hace cientos de años floreció la civilización más importante de Sudamérica: El Tahuantinsuyo, más conocido como Imperio Inca. Inti, el dios del sol, velaba sobre este imperio. A cambio, su gente le agradecía con una diversidad de ofrendas. Con el correr del tiempo, el Coya suyo o reino del sur, se expandió hasta llegar al valle del rio Mapocho. A los pies del cerro el plomo.
La cosmovisión inca veneraba a las montañas porque los hacía sentir más cerca de su Dios. Sus altas cumbres protegían el territorio y desde sus profundidades emergían los ríos que daban vida al campo. Sobre las cumbres más altas construían santuarios donde realizaron sacrificios humanos a Inti, en una solemne ceremonia ritual llamada Capac Cocha.
Un día, para adorar y proteger el valle del río Mapocho, un joven llamado Kauripaxa fue enviado desde el Cuzco para ofrecer su vida al Dios Inti. Después de un arduo viaje, una procesión de sacerdotes, soldados y peregrinos lo acompaño hasta la cima donde fue celebrado el sagrado rito. Tras la ceremonia, el espíritu Kauripaxa viviría por siempre en el cerro el plomo.
Pero con el correr del tiempo, la civilización Inca pasó a la historia, las montañas sagradas al olvido, la tumba de Kauripaxa sería profanada y su sacrificio se convertiría en leyenda 500 años más tarde, las mismas cumbres que acogieron el sacrificio de Kauripaxa son ahora testigos del contraste entre la modernidad y el pasado. La montaña ya no es la misma pero su espíritu sigue ahí.
Pero este año… 3 rutas… 100 cordadas… 12 sacerdotes indígenas en el evento más importante que ha visto el plomo desde el sacrificio de Kauripaxa. Montañistas de todo el planeta y el Mundo indígena se unen en una cerrera sagrada, en una ofrenda al niño, este verano revivirán la leyenda.
“La Ruta de Kauripaxa”


